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Misterios Sagrados de oriente y occidente. Lachriame Consort en Pamplona
http://www.noticiasdenavarra.com/2017/04/11/ocio-y-cultura/lo-que-occidente-debe-a-oriente
07/04/2017

Diario de Noticias de Navarra.
Miércoles, 12 de abril de 2017
Música

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Lo que occidente debe a oriente
CONCIERTO DE LACHRIMAE CONSORT
Mezzosoprano: Roula Safar. Violas: Philippe Foulon y François Koelh. Tiorba: Mauricio Buraglia. Órgano y clave: Emer Buckley. Programa: Música de Oriente y Occidente: cantos arameos, judíos, sufíes, y de Marin Marais, Lambert, Morel y Couperin. Programación: festival de música sacra del Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: Iglesia de San Nicolás. Fecha: 7 de abril de 2017. Público: lleno.
El canto es, en el cristianismo primitivo, desde San Pablo, una música total, que rodea el culto y la misma casa. Una música que, en el período anterior a Constantino, solemos imaginar como rudimentaria y llena de influencias. Rudimentaria no sabemos -otras expresiones artísticas no eran tan rudimentarias-, pero sí llena de influencias, sobre todo de influencia judía. Al fin y al cabo el canto de la Iglesia, como la liturgia a la que sirve, le debe mucho a la cultura judía, como a la grecorromana y bizantina. Por todo esto, y es lo que hemos comprobado en este interesante concierto, las músicas de las iglesias primitivas orientales, o de las sinagogas judías, serán, pues, sobre todo, una declamación acentuada de los textos sagrados; una declamación que va evolucionando de la primitiva salmodia, a la antífona y a los himnos.
Todos estos balbuceos transfronterizos de las primitivas músicas estuvieron muy bien expuestos por la mezzosoprano Roula Safar que, con una voz más bien abierta, natural, sin raras impostaciones contemporáneas y, sobre todo, con un extraordinario sentido de la medida -no medida- de las obras, nos transmitió un mundo que, aún siéndonos desconocido y lejano, no es ajeno, sin embargo, a toda nuestra tradición musical, sobre todo al gregoriano. Siempre subyace, en esas vocalizaciones, algunas francamente muy melismáticas -(o sea, grupo de notas que se canta sobre una sola sílaba)-, con una sensación de riqueza -siempre dentro de la austeridad- y de profundo sentimiento litúrgico. Se acompaña la cantante, con crótalos, que aportan cierto misterio: por ejemplo en la salida a escena desde el fondo de la iglesia; y, también, por percusión de grandes parches que nos remiten a ritmos árabes.
El ensemble de violas -amore y gamba-, tiorba, clave y continuo, es la formación y, a veces contrapunto, que acompaña a la cantante. El sonido es siempre suave y acogedor, pero, también, a veces, un punto áspero -querido y bien traído-, cuando la tiorba y el clave, con un ritmo ostinato tratan de enriquecer los timbres de las violas: por ejemplo en la pieza de Marin Marais, el Campanario, donde conviven el sonido ondulado y el más marcado. El concierto hay que tomarlo como un conjunto entreverado de músicas de Oriente y Occidente que se van solapando y que nos muestran muy bien las influencias del primero sobre el segundo. Pero hay momentos más álgidos; para mí el Alleluia Bizantino fue uno de ellos: sobre una nota quieta, infinita, de bajo continuo del ensemble instrumental, se canta una salmodia ceremonial francamente hermosa. Como contraste -y ya en la corte francesa- la chacona de Morel es un respiro profano donde las violas se producen muy adornadas, en una exhibición virtuosa de los intérpretes.
El público siguió con sumo respeto la propuesta -no precisamente fácil-, durante una hora. Hubo alguna deserción. Quizás el Miserere de Lambert -que se hizo largo- sobraba.

Raul Madinabeitia · Tel: (+34) 948 304 229 · Mov: (+34) 696 491 860 · raulmadinabeitia@raulmadinabeitia.com
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